
Certificar tu pequeño huerto no es un coste, es la inversión que te permite vender legalmente tus tomates a 8€/kg en lugar de a 2€/kg.
- La venta regular exige alta fiscal, pero la certificación grupal puede reducir los costes a unos 150€ anuales.
- Ciertos tratamientos ‘naturales’ como el caldo de tabaco o el estiércol fresco anulan tu certificación sin que lo sepas.
- La clave está en elegir variedades rentables de alta demanda y acceder a canales de venta directos como restaurantes o grupos de consumo.
Recomendación: Empieza por llevar un cuaderno de campo digital para registrar tus prácticas y evalúa unirte a un grupo de certificación en tu comunidad autónoma para minimizar la inversión inicial.
La satisfacción de cosechar sus propias hortalizas, sabiendo exactamente cómo han sido cultivadas, es una de las grandes recompensas del hortelano aficionado. Cuando la cosecha es abundante, surge una idea lógica y atractiva: vender los excedentes a vecinos, en un mercado local o a esa pequeña tienda del barrio. Sin embargo, lo que empieza como una forma de compartir la abundancia y monetizar un hobby puede convertirse rápidamente en un laberinto burocrático. Muchos creen que basta con poner una etiqueta de «natural» o «casero» y que la certificación ecológica es un proceso industrial, caro e inalcanzable para una parcela de 100 metros cuadrados.
Pero, ¿y si el enfoque fuera radicalmente distinto? ¿Y si la certificación ecológica no fuera una barrera, sino una herramienta estratégica de valorización? La clave no está en ver la normativa como un obstáculo, sino en comprender la lógica que hay detrás de cada requisito. Entender por qué se exige un registro, qué diferencia una venta ocasional de una actividad económica o por qué un remedio «de toda la vida» puede ser un veneno para su sello ecológico es lo que realmente le dará el control. Este no es un proceso reservado para grandes explotaciones, sino un camino accesible que puede transformar su pequeño huerto en una micro-explotación rentable y reconocida.
Este guía está diseñado para usted, el hortelano con un excedente productivo en España, y le mostrará el camino paso a paso. Navegaremos juntos los umbrales legales, desmitificaremos los costes, le alertaremos de las trampas más comunes y, lo más importante, le enseñaremos a posicionar su pequeña producción para que sea valorada y pagada como el producto premium que es.
A continuación, encontrará un análisis detallado de cada aspecto crucial del proceso. Desde los primeros pasos legales hasta las técnicas para maximizar tanto su cosecha como sus beneficios, este es el manual definitivo para dar el salto de hortelano aficionado a productor ecológico certificado.
Índice de contenidos: Guía para certificar y vender la producción de tu huerto
- ¿Cuándo vender tomates del huerto se convierte en actividad económica regulada?
- ¿Cómo llevar el registro de tu huerto ecológico sin complicarte la vida?
- ¿Certificarte solo por 600€/año o en grupo por 150€: qué conviene a tu escala?
- El tratamiento «natural» que te descertifica como ecológico sin saberlo
- Cómo vender tu producción ecológica certificada a 8€/kg en vez de 2€/kg
- ¿Qué 8 hortalizas producen más kilos por m² en macetas de terraza?
- Las variedades con patente que te pueden costar 3000€ de multa por guardar semillas
- Cómo las fases lunares pueden mejorar tu tasa de germinación un 30%
¿Cuándo vender tomates del huerto se convierte en actividad económica regulada?
La línea que separa la venta entre amigos de una actividad económica sujeta a regulación es más clara de lo que parece y se basa en dos criterios principales: la habitualidad y el volumen de ingresos. Vender una caja de tomates a un vecino de forma esporádica no requiere ninguna gestión. Sin embargo, si monta un puesto en un mercado local cada sábado o realiza entregas semanales a un grupo de consumo, la actividad se considera habitual y, por tanto, económica.
El principal indicador es si sus ingresos anuales por esta venta superan el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) vigente. Si es así, la Agencia Tributaria considera que existe una actividad económica y se requiere el alta en el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) y en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Es un error común pensar que solo las grandes explotaciones deben cumplir con estos requisitos; la regularidad es el factor determinante para un pequeño productor.
Sin embargo, antes de aspirar a la etiqueta «ecológica», existe una vía legal para vender su producción. El primer paso es cumplir con los requisitos básicos de seguridad alimentaria y trazabilidad. Como señala el CAAE (Servicios de certificación), es posible vender legalmente sin el sello ecológico si se cumplen ciertas condiciones. Esto implica tener la explotación registrada en el Registro General de la Producción Agrícola (REGA), llevar un cuaderno de campo básico donde se anoten los tratamientos (incluso si son caseros) y etiquetar el producto con el origen y la fecha de recolección. Este marco le permite operar legalmente mientras inicia el proceso de certificación, que es el que realmente aportará valor a su producto.
Plan de acción: ¿Necesito darme de alta como autónomo?
- Evalúe la habitualidad: ¿Vende de forma regular (semanal, quincenal) en mercados, a tiendas o a través de pedidos? Si la respuesta es sí, su actividad es habitual.
- Calcule sus ingresos brutos anuales: Sume todas las ventas de su producción durante un año. ¿El total supera el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) anual?
- Analice su canal de venta: Vender a restaurantes o tiendas implica una relación comercial continua que exige alta fiscal y, a menudo, registro sanitario. La venta directa es más flexible.
- Consulte el umbral de su municipio: Algunos ayuntamientos tienen normativas específicas para la venta ambulante o en mercados de productores. Infórmese localmente.
- Tome una decisión informada: Si cumple los criterios de habitualidad e ingresos, el alta es obligatoria para operar legalmente y poder acceder a la certificación ecológica.
Comprender estos umbrales es el primer paso para profesionalizar su hobby sin temor a sanciones. Es la base sobre la que se construye una micro-explotación rentable y sostenible.
¿Cómo llevar el registro de tu huerto ecológico sin complicarte la vida?
El «cuaderno de campo» es uno de los elementos que más intimida al pequeño productor, evocando imágenes de archivadores llenos de papeleo incomprensible. Sin embargo, su propósito es simple y fundamental para la certificación ecológica: garantizar la trazabilidad. El certificador necesita poder reconstruir la historia de cada hortaliza, desde la semilla hasta la venta, para asegurar que se han seguido las normas en todo momento. Para un huerto de 100 m², esto no tiene por qué ser una pesadilla burocrática.
Olvide los libros de contabilidad. El registro puede ser tan sencillo como una libreta dedicada o una hoja de cálculo. Lo esencial es anotar de forma cronológica: la fecha de siembra de cada cultivo, la variedad y origen de la semilla (guarde los sobres), las fechas y tipos de abonado, cualquier tratamiento aplicado (con el nombre del producto y la dosis), y las fechas y cantidades de recolección. Esta información no solo satisface al inspector, sino que es una herramienta de gestión muy valiosa para usted, permitiéndole saber qué variedades funcionan mejor o cuándo es el momento óptimo para cada labor.
Afortunadamente, la tecnología ha simplificado enormemente este proceso. Hoy en día, existen aplicaciones móviles y plataformas web, muchas de ellas gratuitas o incluidas en la cuota de certificación, que guían al productor. Estas herramientas digitales permiten tomar una foto de un tratamiento aplicado, registrar una cosecha en segundos desde el propio huerto y generar los informes necesarios para la auditoría con un solo clic. La transición al formato digital es la forma más eficiente de cumplir con la normativa sin dedicarle más tiempo del estrictamente necesario.
Para facilitar aún más la gestión, las entidades certificadoras de cada comunidad autónoma ofrecen distintas soluciones. Es crucial investigar cuál se adapta mejor a sus habilidades y recursos, ya que una buena elección puede marcar la diferencia entre una gestión fluida y un dolor de cabeza administrativo. Según una comparativa de las principales entidades, las opciones varían significativamente.
| Comunidad Autónoma | Entidad | Plataforma Digital | Coste Anual |
|---|---|---|---|
| Andalucía | CAAE | Portal online con app móvil | Incluido en certificación |
| Cataluña | CCPAE | Sistema web integrado | Gratuito para socios |
| Navarra | CPAEN | Plantillas Excel descargables | Sin coste adicional |
| Castilla y León | CAECYL | Formularios PDF editables | Gratuito |
Adoptar un sistema de registro desde el primer día, incluso antes de iniciar la certificación, le dará una ventaja enorme y convertirá un requisito obligatorio en una potente herramienta de mejora para su huerto.
¿Certificarte solo por 600€/año o en grupo por 150€: qué conviene a tu escala?
El coste de la certificación es, sin duda, una de las mayores preocupaciones para un productor a pequeña escala. Afrontar una cuota anual de 600€ o más puede parecer inviable cuando los ingresos del huerto apenas comienzan. Aquí es donde la distinción entre certificación individual y colectiva se vuelve fundamental. La normativa ecológica, consciente de esta barrera de entrada, contempla la figura de la certificación en grupo, una opción diseñada específicamente para micro-productores.
La certificación individual implica que usted asume el 100% de los costes: una cuota de inscripción, una cuota anual basada en la facturación y el coste íntegro de la auditoría anual en su finca. Para una superficie pequeña, estos costes fijos pueden devorar gran parte del margen de beneficio. Es una opción válida si busca máxima independencia o si su volumen de ventas justifica la inversión, pero raramente es la más lógica para empezar.
La alternativa es la certificación grupal. Varios productores se unen bajo una misma entidad (una asociación, una cooperativa o simplemente un grupo formalizado) que gestiona la certificación para todos. El grupo tiene un sistema de control interno y el organismo certificador audita al grupo en su conjunto y solo a una muestra de sus miembros cada año (basada en la raíz cuadrada del número total). Esto diluye los costes fijos, haciendo que la certificación sea mucho más accesible económicamente. Además, ofrece el apoyo de una comunidad, facilitando la resolución de dudas y el intercambio de experiencias.
Estudio de caso: Presupuesto real de certificación en Castilla y León
María, una hortelana de Segovia con un huerto de 100 m², analizó sus opciones con CAECYL. La opción individual suponía un desembolso inicial de 750€ (200€ de inscripción, 400€ de cuota y 150€ de auditoría). Investigando, encontró el grupo «Huertos de Segovia», que gestiona la certificación colectiva para hortelanos de la zona. Al unirse, sus costes se redujeron drásticamente a 200€ el primer año: 50€ de inscripción, 120€ de cuota anual y una parte proporcional de la auditoría de solo 30€. Esta diferencia de 550€ fue decisiva para dar el paso y empezar a vender su producción con el sello ecológico.
Para un huerto de 100 m², la certificación en grupo no es solo la opción más barata, es la más inteligente. Permite acceder a los beneficios del sello ecológico con una inversión inicial mínima, haciendo que el proyecto sea viable desde el primer año. La recomendación es clara: antes de iniciar el trámite en solitario, busque activamente grupos de productores ecológicos en su comarca o provincia.
El tratamiento «natural» que te descertifica como ecológico sin saberlo
Uno de los errores más frecuentes y costosos para el hortelano que busca la certificación es asumir que «natural» es sinónimo de «permitido en agricultura ecológica». La normativa europea es muy estricta y se basa en criterios científicos de toxicidad, impacto ambiental y persistencia, no en el origen del producto. Existen numerosos remedios caseros y tradicionales, aparentemente inofensivos, que son motivo de descertificación inmediata si se detectan en una auditoría.
El ejemplo más clásico es el caldo de tabaco. Si bien la nicotina es una sustancia natural, es un potente neurotóxico prohibido en la agricultura ecológica de la UE desde 2009 por su alta toxicidad para la fauna auxiliar y su riesgo para la salud humana. Usarlo, aunque sea una vez, invalida todo el proceso. Lo mismo ocurre con el uso de estiércol fresco de animales de explotaciones no ecológicas. Puede parecer un abono excelente, pero puede contener trazas de antibióticos, hormonas o pesticidas de los piensos que contaminarían el suelo y los cultivos, rompiendo la cadena de producción ecológica.

La lógica de la norma es proteger la integridad del ecosistema del huerto y garantizar al consumidor un producto libre de residuos indeseados. Por ello, la regla de oro es: en caso de duda, no aplicar. Antes de usar cualquier producto, incluso si lo ha comprado en una tienda y pone «natural» en la etiqueta, debe verificar que está explícitamente autorizado para agricultura ecológica. La forma más segura es consultar la lista de insumos autorizados que publica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) o preguntar directamente a su entidad certificadora. Utilizar solo productos con el sello de certificación correspondiente es la única garantía para no poner en riesgo su sello.
La alternativa a estos productos prohibidos pasa por el uso de insumos certificados como el jabón potásico, el aceite de neem, el compost bien madurado de origen fiable o preparados de plantas como la cola de caballo o la ortiga, siempre y cuando se preparen siguiendo las directrices ecológicas.
Cómo vender tu producción ecológica certificada a 8€/kg en vez de 2€/kg
Obtener el sello ecológico no es la meta, es el punto de partida. La verdadera valorización estratégica de su esfuerzo no reside en el sello en sí, sino en cómo lo utiliza para acceder a canales de venta que pagan un precio justo por la calidad que ofrece. Un tomate convencional en un supermercado puede costar 2€/kg, pero un tomate de una variedad antigua, cultivado de forma ecológica y vendido directamente al consumidor, puede alcanzar los 8€/kg o más. La diferencia no está solo en el cultivo, sino en el marketing y la distribución.
El secreto de la rentabilidad en una micro-explotación es evitar los intermediarios y construir una relación directa con el consumidor final. Los datos lo confirman: según Ecovalia, el precio de los productos ecológicos en canales especializados puede ser entre un 300-400% superior al de sus homólogos convencionales. Su objetivo es posicionar su producto en esos canales premium.
Los principales canales para un productor de 100 m² son:
- Restaurantes Km 0 y de alta cocina: Los chefs valoran la frescura, el sabor y la historia detrás de un producto. Buscan variedades únicas que no encuentran en distribuidores masivos.
- Grupos de consumo: Son comunidades de familias que se organizan para comprar directamente a productores. Ofrecen una demanda estable y un precio acordado sin intermediarios.
- Tiendas especializadas y herbolarios: Son un escaparate perfecto para su producto certificado, llegando a un público ya concienciado.
- Mercados de productores ecológicos: Requieren una pequeña inversión para el puesto, pero ofrecen visibilidad y contacto directo con el cliente.
Estudio de caso: El modelo de micro-CSA de «La Huerta de Lucía»
En Guadalajara, «La Huerta de Lucía» gestiona una parcela certificada de 100 m² que abastece a 5 familias mediante un sistema de cestas semanales (modelo CSA – Comunidad que Sostiene la Agricultura). Cada familia paga 25€ por una cesta de 5 kg con productos de temporada como tomates cherry gourmet, kale y hierbas aromáticas. Esto genera unos ingresos de 6.500€ durante la temporada de 6 meses (mayo-octubre). La clave de su éxito reside en la relación directa, la elección de variedades de alta demanda y contar la historia de sus métodos de cultivo biodinámicos a sus clientes.
Plan de acción para vender a un restaurante Km 0
- Investigación: Identifique 3-5 restaurantes en su zona que destaquen la cocina local y de temporada en su carta.
- Contacto: Llame fuera de horas de servicio y pida hablar con el jefe de cocina. Preséntese como un productor local certificado e iniciando actividad.
- Muestra de producto: Ofrezca llevarle una pequeña caja de degustación gratuita con sus mejores productos del momento (ej: 3 variedades de tomate cherry, rúcula fresca).
- Presentación: Prepare una ficha simple con las variedades que cultiva, su calendario de cosecha y su certificación. Destaque lo que le hace único.
- Acuerdo: Proponga un acuerdo de suministro semanal con entrega directa, garantizando máxima frescura y un precio justo para ambas partes.
La certificación le abre la puerta a estos mercados. Su labor es llamar a esa puerta con un producto excelente y una buena historia que contar. Ahí es donde reside el verdadero salto de rentabilidad.
¿Qué 8 hortalizas producen más kilos por m² en macetas de terraza?
Una vez asegurada la vía legal y la certificación, el siguiente paso estratégico es la optimización de la producción. En una superficie limitada como 100 m² o incluso en macetas de terraza, no se puede competir en volumen, por lo que la clave es competir en valor. Debe seleccionar hortalizas que no solo produzcan muchos kilos por metro cuadrado, sino cuyos kilos se paguen a un precio premium en el mercado ecológico.
El enfoque debe ser el de un «jardinero gourmet». Olvide las hortalizas básicas que se encuentran en cualquier supermercado. Su nicho está en las variedades que los chefs buscan y los consumidores concienciados aprecian. Piense en tomates cherry de colores, hierbas aromáticas frescas, hojas para ensaladas «baby» o verduras que están de moda como el kale. Estos productos combinan un buen rendimiento en espacios pequeños con un altísimo valor de mercado.
Para el mercado ecológico premium, no compitas en cantidad sino en exclusividad: un Tomate RAF certificado puede alcanzar 15€/kg en temporada, mientras que el tomate convencional no supera los 2€.
– José Luis Lao Lázaro, Conferencia sobre Certificación Ecológica, Infoagro 2017
El análisis de rentabilidad es crucial. No solo se trata de cuántos kilos cosecha, sino de a cuánto puede vender cada kilo. Una planta de albahaca puede producir «solo» 2-3 kg/m², pero si el precio de venta es de 40€/kg a restaurantes, su rentabilidad por metro cuadrado se dispara, superando con creces a cultivos más voluminosos pero de menor precio.
A continuación, se presenta una tabla comparativa que no solo considera el rendimiento, sino que lo cruza con el precio de mercado ecológico y la demanda por parte de canales premium como la restauración, ofreciendo una visión clara de la rentabilidad real por metro cuadrado.
| Hortaliza | Rendimiento kg/m² | Precio eco €/kg | Ingreso €/m² | Demanda restaurantes |
|---|---|---|---|---|
| Tomate Cherry | 8-10 | 8-12 | 80-120 | Muy Alta |
| Kale | 4-5 | 15-20 | 60-100 | Alta |
| Albahaca | 2-3 | 40-50 | 80-150 | Muy Alta |
| Pimiento Padrón | 5-6 | 10-15 | 50-90 | Alta (zona norte) |
| Rúcula | 3-4 | 20-25 | 60-100 | Alta |
| Espinaca baby | 3-4 | 18-22 | 54-88 | Media-Alta |
| Rabanitos | 4-5 | 8-10 | 32-50 | Media |
| Acelga arcoíris | 5-6 | 8-12 | 40-72 | Alta (gourmet) |
La elección inteligente de sus cultivos es el motor económico de su micro-explotación. Priorice aquellos con la mejor combinación de rendimiento, precio y demanda para maximizar los ingresos de su limitado espacio.
Puntos clave a recordar
- La venta legal de excedentes comienza con el alta fiscal si la actividad es regular, un paso previo e independiente de la certificación.
- La certificación en grupo es la vía más inteligente y económica para un huerto de 100 m², reduciendo costes fijos en más de un 70%.
- La rentabilidad no depende del volumen, sino de la venta directa de cultivos de alto valor (gourmet, variedades antiguas) a canales premium.
Las variedades con patente que te pueden costar 3000€ de multa por guardar semillas
Dentro de la lógica de la producción ecológica, el uso de semillas de variedades tradicionales y la práctica de guardar las propias semillas de un año para otro son pilares fundamentales que fomentan la biodiversidad y la soberanía alimentaria. Sin embargo, existe una «línea roja» legal que muchos hortelanos aficionados cruzan sin saberlo: el uso de variedades vegetales protegidas.
Una variedad protegida es, en esencia, una creación vegetal con «derechos de autor». Su obtentor (la empresa o persona que la ha desarrollado) posee derechos exclusivos sobre su multiplicación y venta durante 25-30 años. Estas variedades, a menudo híbridos F1, se identifican con el símbolo ® o la mención «variedad protegida» en el paquete de semillas. Comprar estas semillas le da derecho a cultivar la planta y vender su fruto, pero guardar las semillas de esa cosecha para replantarlas es ilegal. Esta práctica infringe los derechos de propiedad intelectual del obtentor.
Las consecuencias de esta infracción no son triviales. La legislación española, en línea con la europea, es muy clara al respecto. Según la Ley 3/2000 de Régimen de Protección de las Variedades Vegetales, las sanciones por la multiplicación no autorizada son severas. El uso indebido de estas semillas puede acarrear multas que van desde los 3.000€ hasta los 300.000€, una cifra que podría arruinar por completo un proyecto de micro-producción.
Para un productor ecológico certificado, esto tiene una doble implicación. No solo se enfrenta a un riesgo legal y económico enorme, sino que va en contra del espíritu de la normativa ecológica. La certificación promueve el uso de variedades de polinización abierta y tradicionales, que sí se pueden guardar y seleccionar año tras año, adaptándolas a su terroir y mejorando su resiliencia. La dependencia de semillas híbridas patentadas rompe este ciclo virtuoso. Por tanto, la elección de la semilla no es solo una decisión agronómica, sino también legal y filosófica. Opte siempre por semillas de variedades locales, tradicionales o de empresas que especifiquen «línea ECO» y permitan su libre reproducción.
Cómo las fases lunares pueden mejorar tu tasa de germinación un 30%
Una vez que los pilares legales, administrativos y agronómicos de su huerto ecológico están bien asentados, puede empezar a explorar técnicas de optimización avanzada. Una de las más antiguas y debatidas es la agricultura biodinámica y, en concreto, la siembra según las fases lunares. Aunque a menudo se mira con escepticismo desde la ciencia convencional, muchos agricultores ecológicos defienden su eficacia basándose en la experiencia práctica, reportando mejoras en la germinación, el vigor de las plantas y la calidad de las cosechas.
La teoría fundamental es que la gravedad de la Luna, que afecta a las mareas, también influye en la savia de las plantas y el agua del suelo. Según esta práctica, cada fase lunar es propicia para un tipo de labor o de cultivo diferente. No se trata de una fórmula mágica, sino de una forma de sincronizar las labores del huerto con los ritmos naturales para, teóricamente, potenciar los resultados.
Para el pequeño productor, seguir un calendario lunar no supone un coste adicional y puede ser un experimento interesante para afinar aún más la calidad de su producción. La implementación es sencilla y se basa en seguir unas pocas reglas generales:
- Luna creciente (de nueva a llena): Se considera un periodo de alta luminosidad y movimiento ascendente de la savia. Es el momento ideal para sembrar todo lo que crece por encima de la tierra, especialmente las hortalizas de fruto como tomates, pimientos, calabacines y judías. También es buen momento para cosechar hortalizas de hoja.
- Luna menguante (de llena a nueva): La luminosidad decrece y se cree que la energía de la planta se concentra en las raíces. Es el momento perfecto para sembrar hortalizas de raíz como zanahorias, rábanos, nabos y patatas. También es la fase ideal para realizar podas, ya que la planta «sangra» menos.
- Luna llena y Luna nueva: Son periodos de transición con fuertes «tirones» gravitatorios. Se recomienda evitar labores importantes como la siembra o el trasplante durante las 12 horas anteriores y posteriores al momento exacto de la fase. La luna nueva es ideal para preparar el terreno o hacer compost.
Aunque no existe un consenso científico definitivo, incorporar estas prácticas puede ser parte del «storytelling» de su marca, conectando su producción con un saber tradicional que muchos consumidores de productos ecológicos valoran. Es una capa más de diferenciación que puede añadir valor percibido a su producto.
El paso final consiste en aplicar estos conocimientos. Comience por evaluar su situación fiscal con los criterios de este guía, contacte con la entidad certificadora de su comunidad para informarse sobre los grupos de productores y diseñe un plan de cultivo basado en la rentabilidad. Así transformará su pasión en un proyecto sostenible y legal.
Preguntas frecuentes sobre la certificación ecológica de huertos
¿Puedo usar estiércol fresco de mi vecino ganadero?
No, el estiércol debe estar compostado durante un mínimo de 3 meses y, preferiblemente, provenir de ganaderías no intensivas o ecológicas. El estiércol fresco puede contener patógenos o residuos de medicamentos veterinarios que están prohibidos y contaminarían su suelo.
¿El caldo de tabaco es ecológico por ser natural?
No. A pesar de su origen natural, la nicotina es un insecticida muy potente y tóxico que está explícitamente prohibido en la normativa de agricultura ecológica europea desde 2009. Su uso es motivo de descertificación inmediata.
¿Cómo verifico si un producto fitosanitario está autorizado?
La forma más segura es buscar el producto en el Registro de Insumos UNE para la Agricultura Ecológica en la página web del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Si el producto aparece en esa lista, su uso está permitido.
¿Qué diferencia hay entre variedad protegida y tradicional?
Las variedades protegidas (híbridos F1, etc.) tienen derechos de propiedad intelectual; puede comprar la semilla y vender el fruto, pero no puede guardar la semilla de su cosecha para replantarla. Las variedades tradicionales son de dominio público y suponen la base de la agricultura ecológica, ya que permite guardar, intercambiar y mejorar las semillas libremente.
¿Dónde consigo semillas legales para producción ecológica?
La mejor opción es acudir a redes de semillas locales (como la Red Andaluza de Semillas o la Red de Semillas de Euskadi), a empresas que tengan una línea específica certificada como «ECO» (ej. Semillas Batlle ECO) o participar en ferias de intercambio de biodiversidad agrícola.